La sombra del Nocturno:
José Asunción Silva
El paso de José Asunción Silva por estas tierras colombianas ha
dejado su huella. No es un misterio que su vida se extiende por las esferas
cultas de la sociedad bogotana; podemos encontrar con facilidad en nuestro
presente biografías, comentarios y su misma obra que se niega a traspasar en la
memoria de los lugares literarios al poeta colombiano. Su padre, don Ricardo
Silva, escritor costumbrista, dejó un escenario propicio para que su hijo
probara las lides de la literatura en verso. Su melodía ha dejado un eco. Los
poemas de Silva transformaron lo fenoménico, su existencia, en letras, con una
sonoridad y expresión subjetiva cargada de un infantil color; quien de paso
mostró la forma de un gran fondo filosófico. Suele decirse de él que es el
precursor del modernismo en Colombia, pero no ese iniciado con el poema Azul de Rubén Darío, menos, por la
augusta imaginación de Gustavo Adolfo Bécquer, que inspira el surgimiento de
los poetas modernistas: el mexicano Manuel Gutiérrez Nájera y el cubano José
Martí, no, no es ese modernismo, sino uno auténtico, renovado por las
vanguardias francesas del decadentismo, donde la mirada escéptica frente a la
vida construirá sus principales versos.
Ese rastro que dejó tras de sí, ha proporcionado dos perspectivas
de análisis para este comentario. Por un lado, su correspondencia, en contraste
con la actividad en el medio literario presente en diversos diarios que
circulaban entonces, dedicados a la política, la literatura, las ciencias y las
artes, será la base para reflexionar sobre la relación del poeta con el
contexto colombiano de finales del siglo XIX . Entre ellos se destacan La nación, El recopilador y con un
especial acento La siesta, donde se
observa un gran despliegue de publicaciones literarias románticas, aunque con
pocas apariciones de Asunción Silva; y el periódico venezolano El cojo ilustrado que tras la muerte de
Rafael Núñez y aprovechando el redactor del periódico, la estancia de Asunción
Silva en Caracas, invita al poeta a publicar unas líneas dedicadas al fallecido.
Por otro lado, y adelantando un poco, se podría pensar que el despliegue
documental literario plasmado en la prensa de la última década del siglo XIX en
Colombia, era romántica en esencia y composición literaria, con asentado
distanciamiento de las posturas escépticas y trágicas frente al mundo, propia
del modernismo. Por otro lado, su obra, El
libro de versos y el poema Gotas
Amargas, son la base para captar el tono subjetivista del poeta. Brinda
pistas sobre la influencia europea en la modernización de las letras
colombianas, y la conexión entre mundos más amplios y lejanos para la Colombia
de la época como la Francia de la Belle
Époque, donde se colma Asunción Silva de figuras de la poesía simbolista;
Stephan Mallarmé, Charles Baudelaire, adquiriendo un tono diferente en la
poesía colombiana: la decadencia de las cosas, la duda constante ante toda
muestra de certeza en la vida.
La correspondencia de José Asunción Silva a la que he tenido
acceso inicia en una carta con fecha 9 de marzo de 1884, hasta el mes de junio
de 1893, sin una estricta continuidad o regularidad en su comunicación. En ella
se destacan los nombres de literatos como Sanín Cano, de alcurnia política,
Rafael Uribe Uribe y Rufino José Cuervo; filólogo iniciador del Diccionario de construcción y régimen de la
lengua castellana, a quién en una carta con fecha 7 de enero
1891, le manifestó la difícil situación económica que estaba atravesando, y la
agudización de una crisis, incluso, anímica con la muerte de su hermana Elvira
en enero del mismo año, la cual sin duda, desembocó en la creación del famoso
poema Nocturnos (III), que figura con
una construcción melodiosa, lúgubre, de reclamo ante la vida que se vuelve
opaca, rememorando las caminatas con su hermana amada donde sus sombras por los rayos de la luna proyectadas, sobre
las arenas tristes de la senda se juntaban[1]. Pero no fue la pérdida de su joven
hermana la primera pena que alimentó su verso, ya la muerte de su padre el 1 de
junio de 1887, había propiciado nuevas formas de concebir el mundo. Asunción
Silva expresa el abatimiento en una carta a M. Uribe Ángel[2] en
1887 donde manifiesta su deseo de honrar la memoria de Ricardo Silva en la
empresa de remplazarlo.
Si se ha exagerado el desdén y despego que Silva sintió por el ambiente
y circunstancias en que vivió, también se ha tendido a olvidar el aprecio que
muchos de sus contemporáneos sintieron por él. Carlos E. Restrepo ha escrito:
Leo con frecuencia, tratándose de
Silva, que fue incomprendido por sus contemporáneos. No sé en qué se funda
ese juicio; de lo que sí puedo responder es de que los que en provincia nos
interesábamos en ese tiempo por las cosas literarias, teníamos verdadera
veneración, para no decir adoración, por Silva, y mezclábamos su nombre con
los de Darío, Verlaine y D'Annunzio... que entre los cultores de la literatura
a quienes traté en Bogotá en 1894, Gómez Restrepo, Holguín y Caro, Max
Grillo, Tirado Macias, Soto Borda, Jorge Pombo, Alejandro Vega, Roberto
Suárez... y muchos más, encontré igual altísimo aprecio por el cantor
del Nocturno[3]
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José Asunción Silva expresó durante su vida la evidente dualidad
que debió sobrellevar, por un lado, el mundo de las elucubraciones, las letras,
del cual mencionaba: “El verso es vaso santo. Poned en él tan
solo, Un pensamiento puro, En cuyo fondo bullan brillantes las imágenes, Como
burbujas de oro de viejo vino oscuro.” Y el mundo real, donde quedó enfrentado
al negocio de su padre y al cuidado de su madre y hermanas. La situación a
partir de la muerte de su padre y hermana se recrudeció, la guerra civil de
1885 ya había dejado en grandes aprietos económicos a su familia y
constantemente debió contraer deudas con varios de sus allegados, como lo
muestra su correspondencia. Esa evidente dualidad, esos dos irreconciliables
mundos, sumergió al poeta en diversas contradicciones. Cuando realizó su viaje
a Caracas en 1894, poco después de la muerte de Rafael Núñez, el joven poeta
fue invitado a escribir unas líneas en memoria del dirigente político. En primera instancia se percibe el tono alegórico con el
cual describe las cualidades de Núñez. Sin embargo en la correspondencia que
cruza con su madre y hermana informando acerca de su viaje en 1894 a Cartagena
y luego a las tierras venezolanas, la opinión que tiene de Núñez no es la misma
que aparece en la publicación de El cojo
ilustrado. En el artículo silva dice de Núñez que es un “Poeta de altísimo
vuelo, singular profundidad de concepción y extrañas formas esencialmente
personales; estadista y filósofo; sociólogo capaz de realizar, dándoles forma
concreta, las más atrevidas concepciones de su poderosa inteligencia; político
ilustre, llamado desde hace diez años a regir los destinos de su patria, el Dr. Rafael Núñez, ha sido, á no dudarlo,
una de las más levantadas figuras de la América Española.”[4]
Por otro lado menciona a su madre meses antes, tras la visita a casa del
presidente que “El doctor Núñez está ahora profundamente preocupado con
el viaje a Bogotá, del cual ya ustedes tendrán noticia, y no admite más tema de
conversación que la política actual. Ríanse, mis viejas queridas: en las tres
ocasiones en que he estado a verlo, yo, que jamás me ocupo de eso en Bogotá, he
conversado de política continuamente con él”[5]
Más adelante, agrega la posibilidad de mejorar su situación económica con la
ayuda del presidente, hecho que evidencia que la razón de visita a casa de
Núñez traía consigo una intencionalidad más material; quería mejorar su
situación económica, además, Núñez como poeta jamás destacó o generó una
crítica estética que fuera más allá de su círculo intelectual. Así, se observa
con facilidad en La Siesta, una
amplia participación de Jorge Isaacs con cientos de poemas, al igual que Fidel
Cano, Antonio José Restrepo y demás trovadores de la escuela de Zorrilla,
incluyendo a Rafael Núñez. Compartir conocimiento o tener en realidad la figura
del presidente en una estima intelectual como la que sentía por Sanín Cano o a
Rufino José Cuervo, no es propiamente lo que se ve, si ponemos en términos de
ser consecuentes lo íntimo con lo público, o la correspondencia con su
publicación en El cojo ilustrado.
Nocturno
En 1884 la ciudad que más brillaba era París en los albores de la Belle Époque. Era el centro cultural más
importante de Europa y el punto de convergencia de las últimas tendencias
literarias y artísticas condicionadas por los efectos de la guerra
franco-prusiana, con su secuela de pesimismo y desconcierto que descubrían los
conflictos de una sociedad en crisis. José Asunción Silva, privilegiado en su
contexto, viajó a Francia y llevó consigo cartas de recomendación para las firmas
comerciales que conocían a su padre. Entre ellas se conserva una de Rafael
Pombo a los hermanos Rufino José y Ángel Cuervo fechado el 18 de octubre de
1884 en la que en términos muy elogiosos se refiere a las cualidades que tenía
José Asunción, “perla destilada y aquilatada de Ricardo Silva”[6]
Un año duró su estancia en París, Paul Bourget ya era conocido por su Physiologie de l´amour moderne y sus
escritos eran recibidos con cierto escepticismo y con el desdén de algunos
contemporáneos. Para Silva la lectura de los ensayos de Bourget, uno de los
primeros decadentes, ha debido ser una revelación, pues sus análisis le
descubrían la sensibilidad de los grandes escritores de mediados del siglo en
cuyas obras podían buscarse los antecedentes del espíritu de la decadencia. A
su regreso de Paris, el poeta, respiraba el aire de los decadentistas, su gusto
se había refinado y venía con toda la estética renovadora para las letras
colombianas. Haber conocido la modernidad literaria en Francia trajo consigo
una nueva postura frente a la poesía, se cambió el estricto enfrentamiento
entre el bien y el mal, propio de los románticos, por una postura escéptica, de
desilusión ante el mundo. El poema El mal
del siglo, uno de sus versos, de forma muy especial expresa el sentimiento
de hastío y zozobra respecto la existencia,
Un
cansancio de todo, un absoluto
Desprecio
por la humano... un incesante
Renegar
de lo vil de la existencia
Digno
de mi maestro Schopenhauer,
Un
malestar profundo que se aumenta
Con
todas las torturas del análisis
Muy poco se habla del contenido filosófico de los veros de Silva.
Pasar de largo por los intelectuales que seguía de cerca el poeta, sería una
maniobra intencionada para obviar la fuente de su postura ante la existencia.
Si es evidente que no puede hablarse de una “filosofía” colombiana, es legítimo
estudiar la forma literaria del “ensayo”. La ausencia de filosofía es una
tradición española que se recrudecería con la amplia difusión de la religión en
la península.[7]
El anterior fragmento, es destacado por Unamuno en el prólogo de El libro de versos. Con esta ya son dos ocasiones
donde es referenciado Arthur Schopenhauer, filósofo fiel a la tendencia
metafísica del siglo que precedió a su muerte. Recordemos el concepto de espíritu absoluto (Hegel), y la Crítica a la razón pura (Kant) donde se
destaca la dualidad de la composición del todo. Por un lado, lo fenoménico, correspondiente a las
representaciones, a lo que capta nuestros sentidos, por el otro, el noúmeno que es lo mediado por la razón,
el espíritu de la representación. Schopenhauer continuará esta concepción, solo
que en su obra, la conceptualización del noúmeno
y de lo fenoménico de forma correspondiente
fue la voluntad y la representación. Vemos que Silva era
seguidor de la filosofía pesimista de Schopenhauer, lo llama, incluso, maestro.
No fue posible para Silva seguir sacralizando cuerpos
de creencias sin ampliar un horizonte discursivo donde la oposición del yo
arrojado al mundo, marcara el estilo de un verso que destacara su trasfondo más
filosófico que melódico.
“La
duda, la blasfemia misma, ha dicho Renán, son un homenaje a lo Divino, puesto
que son la expresión de una necesidad intensa de justicia y orden. Dudar
implica la necesidad inevitable de inquirir; de encontrar o de forjar siquiera
una creencia final. Pocos son los que hallan en la duda, aquel MOL OREILLER,
FAYT POUR Y REPOSER UNE TESTE BIEN FAYTE de que habla Montaigne y bien prueban
la verdad de lo contrario los acentos desgarradores con que algunos de los más
grandes poetas del siglo, Musset y Nuñez de Arce, por ejemplo han cantado sus
sufrimientos en estrofas inmortales”[8]
La popularidad que para entonces había adquirido la poesía se
manifiesta en la proliferación de antologías y en el interés de algunos
críticos por recoger la producción dispersa o poco conocida de escritores
colombianos. A mediados de 1884 comenzaron a circular los primeros fascículos
del Parnaso Colombiano, de Julio
Añez, cuya edición definitiva es la de 1886-1887, la cual lleva un estudio
preliminar de José María Rivas Groot, que constituye una síntesis importante
del desarrollo del género en el país a partir de la Colonia. Asimismo, Rivas
Groot, encabezó el proyecto de La lira
nueva, otra antología de poetas colombianos donde aparecerá Silva con su
célebre poema ARS. En ambos textos liminares se propuso renovar
el concepto sobre la poesía que venía imperando en esos años en el país. Mostró
la actitud diferente que los jóvenes querían tomar ante ella: la misión del
poeta a manera de servicio social en la que irrumpiera con derecho propio la
divagación filosófica.” [9] El
Parnaso Colombiano cumplió el
propósito de Añez de mostrar que “nuestro pueblo tiene el instinto de la
poesía” y tuvo buena acogida en Colombia y en los países de habla castellana,
incluso en España donde el repertorio recibió la atención del conocido escritor
Juan Valera, a quien su lectura le inspiró una de las series de Cartas Americanas, dirigidas a José
María Rivas Groot.[10]
Bibliografía
- · La Siesta, 1886.
- · El Cojo Ilustrado, 1894.
- · Correspondencia de José Asunción Silva
- · Holguín Holguín, Andrés, Literatura y pensamiento. 1886-1930, NHC Vo. VI, Bogotá: Planeta, 1989
- Orjuela, Héctor H., La búsqueda de lo imposible, biografía de José Asunción Silva, Bogotá: Editorial Kelly, 1991.
[1]
Silva, José Asunción, El libro de versos,
Colombia: Prensas de la Biblioteca Nacional, 1946, 57.
[2]
Tomado de: Silva, José Asunción: Poesía y prosa con 44 textos sobre el autor.
Edición a cargo de Santiago Mutis Durán y J. G. Cobo
Borda. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1979. http://www.bdigital.unal.edu.co/386/1/CORRESPONDENCIA.html#6c
[3] M.
A. Caro, Obras completas, V, Bogotá: Imprenta Nacional, 1928, 297-306.
[4]
Silva, José Asunción, “Doctor Rafael Núñez”, El cojo ilustrado, octubre 1, 1894, 379.
[5]
Correspondencia de José Asunción, Carta a su madre y hermana, Cartagena, 2 de
septiembre de 1894.
[6]
Orjuela, Héctor H., La búsqueda de lo
imposible, biografía de José Asunción Silva, Bogotá: Editorial Kelly, 1991,
136.
[7]
Holguín Holguín, Andrés, Literatura y
pensamiento. 1886-1930, NHC Vo. VI, Bogotá: Planeta, 1989, 22.
[8]Silva,
José Asunción, “Doctor Rafael Núñez”, El
cojo ilustrado, octubre 1, 1894, 379
[10]
“Parnaso colombiano, La Siesta, abril
13, 1886, 8.






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